Un anciano en el ocaso de su existencia,
Y los días aún reclaman su presencia;
Parado en un semáforo pidiendo pa’ un pan…
Sin perder el afán…
Por la ventana una moneda…
Del otro lado se resuelve una pena;
Con la esperanza perdida y la vista cansada
Hace mucho tiempo que no recuerda a su amada,
No se muere cuando se deja de respirar,
Más bien en el instante que nadie te recuerda más…
El anciano lleva muerto varios años ya;
Porque aquellos que un día lo amaron lo dejaron volar…
Vuela por las calles sin rumbo fijo
No hay más que decir del pobre viejo;
Pues ayer simplemente se dejo caer,
Y decidió cerrar los ojos para las calles no volver a ver…
“en memoria de un anciano que nunca conocí”
Carlos Jair Obregón
(Letargo d’ Eros)
22-04-2008
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