4 de enero de 2007. Domingo por la noche voy de camino a casa luego de hacer las últimas compras de víveres para la semana, voy pensando en la batalla que está a punto de empezar sin embargo no reparo en muchos detalles y sigo el camino mientras escucho la radio; cuando comienzo a entrar en la barrio que me albergó tres años previos a esta fecha, me doy cuenta de puestos de venta callejera que antes no conocía y lamento no tener tiempo para conocer. Cuando llego a casa luego de pasar por aquel túnel de olores de comida improvisada, abro el portón y la señorita que trabaja en la casa me ve con una cara de circunstancia, levanta las cejas y se va, seguramente algo malo hizo fue lo primero que pensé pero tampoco le di mucha importancia y apresuré el paso para guardar el carro, cerrar el portón y ponerle llave a la puerta.
La entrada de aquella casa era extraña, había un acceso por la cocina con una puerta que daba al corredor del vecino digo eso porque la pared que dividía las dos casas era de él; al acercarme a esa puerta se siente de pronto un silencio casi fúnebre y el susurro de un llanto angustiado al cual luego de colocar algunas cosas sobre el gabinete le busco su origen, caminando por el corredor comienzo a ver a mi hermana con la cara un poco diluida en el aire que entraba por la ventana del jardín interior... A mi viejo recostado en el hombro del brazo de un sillón que cruje y con su mano extendida en la cabeza de mi madre. Para ese momento yo tenía las manos tan frías como madrugadas de Xela y sus temperaturas que bailan debajo del cero también el sudor era expulsado por mi cuerpo como si fuera la olla de presión que tenía fuego en la cocina y parecía que iba a explotar junto conmigo, la garganta se encogió junto con mi cuerpo asustado... Cuando alcanzo a terminar de ver la escena encuentro el origen del llanto aquel que era más bien el primer grito que pegó la distancia, le pegó tan fuerte que yo sentía que me la iba a quitar. Yo no me di cuenta cuando le pegó porque si me hubiera dado cuenta seguro meto las manos para defenderla pero era tarde ya para hacer algo, la maleta estaba lista, el carro con gasolina, un par de cuadernos nuevos y el montón de sueños que se sembraron en la tierra de quien sabe dónde.
Era mi madre la del llanto, la de la agonía porque sabía que de su lecho mi frente partía en busca de horizontes más lejanos que los que ella había cruzado. Y me quede inmóvil, como perdido en muchas cosas que no entendía... Me acerco despacio, con miedo a no sé exactamente qué cosa porque ni siquiera había entendido la causa del llanto y como el imán se une con los metales así me hundí en el abrazo de la vieja fue un abrazo que hablaba de esperanza, de ilusión también de un poco de orgullo pero aquel abrazo me habló también de la pena, de la angustia, de un miedo tan grande como el que yo tenía cuando me acerqué a ella -¡Cuídate mucho hijito!- fue lo primero que me dijo con la voz más quebrada que yo en mi vida había escuchado. No pude ni hablar solamente me aferré a ella como no queriendo desprenderme también queriendo decir algo con la boca, con el llanto, con los brazos, con los ojos o con lo que fuera; bastaron unos minutos para entender que no había que hablar...
4 de Enero de 2007.
11:45 pm.
Luego descifrar y entender un poco la intensidad de aquel llanto me encuentro ya solo en mi cuarto, mi vieja se fue a descansar hace rato con los ojos hinchados, el alma en pedazos y el corazón adolorido me dijo que tenía mucha fe en lo que voy a ser y hacer también me habló serio dándome consejos de vida que me suenan a veces bastante lógicos pero que seguramente yo no los hubiera entendido o visto en el día a día, admiro un poco más a mi papá que supo llorar por su parte mientras mi madre se desvanecía, él también me regaló un abrazó que habló de cómo vivir y poder sonreír con las cosas simples que tenemos.
5 de enero de 2007
6:30 am.
Mi padre es el primero en despedirse y encomendarme a Dios yo lo veo caminando por la calle a la estación de buses mientras pienso en que me va hacer falta ver al viejo todos los días y escuchar su silvido al llegar a casa.
8:15am.
Mi madre es la segunda en partir, mi hermana se fue muy temprano y de ella me despedí el día anterior creo que le encargué a los viejos mientras le daba un abrazo. Mi madre tan arreglada como siempre me pega un grito desde el primer nivel avisando que se va, bajo corriendo a fundirme otra vez en sus brazos y llevarme mi niñez para siempre no porque sea un niño sino porque sé que para ella siempre lo seré, le estampo un beso en la mejilla y ella me da uno en la frente me encomienda a Dios mientras se sube al carro y se va.
9:30 am.
Enciendo el motor del carro viejo que fue delegado para que yo me fuera, reviso las ultimas cosas y me voy...
4 de Enero de 2013
Hace muchos años que comenzó este viaje y a mi vieja le sigue doliendo el corazón, mi padre hace sus propias piruetas para no mostrarse tan nostálgico... A mi ahora me duele más que aquel entonces porque me di cuenta lo que la distancia poco a poco me quitó, el llanto que cargo es del tiempo que ya nunca volverá, la rabia es por tantos y tantos kilómetros que hasta ahora siguen sin ser nada más que un muro que se hizo cada vez más grande.
El silencio de aquel comedor está presente ahora en esta habitación a la que vuelvo cada domingo también es el lugar donde guardo la maleta que tengo cargada de sueños, esos en los que me refugio en la noche, en el aguacero de agosto y protejo de los vientos del demonio de noviembre.
17 de Febrero de 2013
La maleta tiene un agujero por donde se cuela el frío.
El viaje nos desgastó a todos...
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