lunes, 30 de junio de 2014

Balcón

El final del fin de semana se asomó sin ningún contra tiempo, y comenzó el silencio a ensordecer la noche. Los perros como enfurecidos ladran si parar, la ciudad se refugia entre las casas y el calor de la cocina a la hora de la cena. En la esquina un tipo de gabardina esconde las manos en los bolsillos, la muchacha que camina en dirección de la sombra oscura comienza a tomar sus precauciones evaluando la zona, considerando la posible compañía de algún extraño que venga cerca o cambiar la ruta, el tipo saca las manos de los bolsillos; enciende un cigarro y se larga.

La esquina sola y fría como siempre es la primera en dar la bienvenida a la atrevida luna nocturna, yo desde mi balcón observo el reflejo triste de un farol adormecido por los años y moribundo de oxidado. Impuntual como siempre el olvido, que se queda divagando en la orilla de la banqueta recostado en la base de nostalgia y tristeza del farol. Observo al viento acariciar la sombra de las nubes recostadas en mi ventana, desde el balcón se miran desfilar mil dudas en la voz, mil veces un adiós.

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