A los tres años,
la hornilla izquierda de la estufa;
se rajó.
Como el calor del sol raja la piel.
Estaba ya muy desgastada la mesa
que era de pino, clavo oxidado y polvo,
el calor también había dejado marca;
así morena, como mi piel calcinada
No pierde la llama, ahora es colocha
como una fogata ensortijada en la oscurana
caracoleando para alcanzar el cielo
como para preñarlo de luz y calor.
A los tres años,
todavía me cuesta la cocina;
improviso a la hora de cenar.
Y le falta sazón a mis almuerzos.
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