domingo, 10 de noviembre de 2013

Lección de vida No. 1

"Él es prieto y ella canchita"


Él es el heredero de un creciente negocio que se dedica a la venta y elaboración del sofisticado 'Vaso con burbujas' y es que en estas fechas los vientos de noviembre son esa herramienta por la que no tienen que pagar en este negocio bastante redondo y volátil, le dicen que no se aleje de donde está la venta porque hay mucha gente y lo pueden lastimar, él se rehúsa y exige con carácter su derecho de corretear por la calle empedrada o entre los matorrales del parque pero su padre replica ¡te quedas quieto! Hace la mueca de indiferencia y se recuesta sus diminutas manos con la cara arrugada, la lágrima al borde del párpado; su cólera derramada en el meñique hasta el codo...

Ella por su parte, va de la mano de papá con su cabello color miel bien trenzado desde la frente hasta un par de colitas que la abuela le regaló, se le pierden los ojos en la demostración que hace el dueño de aquel sofisticado producto. Se le detiene el mundo y su mano se extiende hacía arriba como queríendo alcanzarla para hacerla suya o quiza para volar sobre la burbuja; articula cualquier palabra pues no me quedó claro si así fue pero parece que dijo ¡papá! mientras señalaba aquel redondo objeto volador, sin dudarlo un segundo, papá; se acerca a la venta y comienza el baile de miradas inocentes, un baile de burbujas de inocencia, un baile de sonrisas de alegría...

Él no llega ni a los 5, ella... Tampoco.

Él con la manga de su playera llegando a la muñeca del brazo se seca lo que parecía ser un llanto inmiente y observa; se queda quieto e incluso se acerca al dueño del negocio como queriendo hacer notar su presencia. Ella que no lo había dejado de ver se da cuenta que papá tiene en sus manos la fábrica de aquello que le robó la mirada, una sonrisa y le regaló lo que hasta de momento parece un nuevo amigo; papá sin mayor preocupación paga el precio del objeto y ella para que está preparada para comenzar la diversión lanza la primera carcajada de la tarde... Él vuelve a negociar su libertad entre balbuseo y jaloneo se da cuenta que ni siquiera le ponen atención, observa el refleo del sol sobre aquel cabello de miel, vuelve a ver al hasta ese entonces dueño de su libertad y decide robarla para ser feliz.

Se escapa de la cárcel sin paredes, de la casa sin patio, se va por ella que no lo deja de ver mientras persigue burbujas en el parque como invitándolo a sonreír, a sentir el aire, a brillar de cara el sol, como invitándolo a vivir. Sin mediar palabra interviene en la cacería de alegría, ella también estaba feliz. Comenzaron desde cero y viendo hacía a otro lado y en 5 minutos parecía que se conocía de toda la vida, y eso que no era mucha. Él a medio baile ahora de cuerpos libres con el viento recibió un caida; como la que todos alguna vez hemos recibido en el amor, pensé. No pasa nada, ¡valiente, valiente! gritó el progenitor de la niña cabello color de miel mientras él con otra lágrima al borde del párpado a penas si voltea a ver el negocio de su padre y se esconde entre los matorrales. La libertad estaba aún más condicionada, dolor acompañado de llanto no eran la mejor combinación para aquel pequeño, su padre que ya sabía de su fuga lo observaba con detalle y no hubo ninguna palabra de su parte ante aquello que parecía su peor caída. Seca el llanto que se asomaba a sus mejillas y se decide a correr de nuevo, que envidia pensé; se cayó por querer sonreír, jugar, bailar y tal vez enamorar aunque no creo que sepa que diablos es eso pero aún así le tomó los mismos 5 minutos en reponerse y perderle el miedo a volver a intentarlo...

Ella lo recibió de nuevo, con la misma felicidad que la primera vez pero para este momento todo se había acabado porque a la niña cabello color de miel le prohibieron sonreír, gritar, cantar, volver a bailar... con él.

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