Yo a ella la conozco desde hace mucho pero en realidad siento que la
conozco poco; muy poco. Se aparece cuando le da la gana casi siempre
campante, riendo como si no existieran tristezas y soñando como si no
existiera el insomnio. Nunca le he visto una ojera aunque se queja de
ellas con frecuencia, se mueve por todos lados casi en un intento de
aterrizaje forzoso porque siempre se topa con todo o con alguien.
Ella no sabe que la observo, la espero, la busco y nada que la encuentro. Una vez en medio de una lluvia de sol me regaló una sonrisa y yo me puse nervioso; no supe que hacer ante la luna dibujada en su rostro y el canto que el viento recogía de su voz mientras me acariciaba los oídos. Inmóvil, estático y casi frío la vi acercándose despacio agarrando uno a uno los minutos, los guardo en el bolso derecho de la chaqueta que llevaba puesta ese día mientras su mirada penetraba lo profundo de la retina, mientras yo; la esperaba. A ella le escribo un par de versos al día sin necesidad de que los lea, le hablo mientras manejo pero no me escucha o le lanzo algún saludo arrepentido con la esperanza de que se ilusione pero... ¡no!
Es más libre que un halcón peregrino, corre más rápido que un leopardo, más astuta que una liebre escapando de la muerte y más hermosa que uno que otro atardecer... Yo decidí sentarme un momento y verla volar, errática como la mariposa pero delicada como la hoja que el viento adormece cuando cae al suelo, para cuando se canse le tengo reservado un cigarro y un sillón a un costado de mi corazón.
Ella no sabe que la observo, la espero, la busco y nada que la encuentro. Una vez en medio de una lluvia de sol me regaló una sonrisa y yo me puse nervioso; no supe que hacer ante la luna dibujada en su rostro y el canto que el viento recogía de su voz mientras me acariciaba los oídos. Inmóvil, estático y casi frío la vi acercándose despacio agarrando uno a uno los minutos, los guardo en el bolso derecho de la chaqueta que llevaba puesta ese día mientras su mirada penetraba lo profundo de la retina, mientras yo; la esperaba. A ella le escribo un par de versos al día sin necesidad de que los lea, le hablo mientras manejo pero no me escucha o le lanzo algún saludo arrepentido con la esperanza de que se ilusione pero... ¡no!
Es más libre que un halcón peregrino, corre más rápido que un leopardo, más astuta que una liebre escapando de la muerte y más hermosa que uno que otro atardecer... Yo decidí sentarme un momento y verla volar, errática como la mariposa pero delicada como la hoja que el viento adormece cuando cae al suelo, para cuando se canse le tengo reservado un cigarro y un sillón a un costado de mi corazón.
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