Señor Manuel, le escribo a usted porque sé que es una buena
persona o al menos eso parece. Usted es amigo cercano de Kenya, ella es mi
mejor amiga y me ha contado de las veces que habla con usted y el mundo se
resuelve en cuestión de horas.
Yo estoy en medio de serias tribulaciones dirá mi madre,
ella siempre usa un lenguaje más religioso para dirigirse a mí y mis problemas
con el mundo. Porque así es, mis problemas son con el mundo entero, ¿se imagina
lo atribulado que he de estar? ¿Alguna vez usted tuvo tribulaciones señor
Manuel? A usted se le ve muy bien
equilibrado, con un buen perro de raza - qué curioso le parecerá que lo compare
con un perro - que ha sido bien entrenado y cuidado a lo largo de su vida. En
cambio yo, yo soy más bien un perro de calle, de guardián de escuela y de tienda
de esquina, nos diferencia el entrenamiento y la frecuencia del baño, por
dentro somos casi lo mismo.
Pero le escribo desde esta esquina, en donde hoy estoy
sentado y bastante herido. Ayer nos reunimos con Kenya, ella venía preocupada
porque a su mamá la había amenazado de muerte - tribulaciones, diría mi mamá- y
ella tenía la sensación de que alguien la venía siguiendo desde que salió de
hacerse la pedicura, a Kenya no se le pasa nunca la cita para hacerse la pedicura.
Nos estuvimos moviendo por diferentes cuadras y avenidas de esta podrida ciudad
porque ella no quería llegar a mi casa. Donde vivo es zona roja... - Pero la
policía queda a 3 casas tuyas, no puede ser zona roja, exclamó - y ya ves que
el otro día nadie detuvo a los que abrieron el carro y se llevaron hasta la
mota que tenía guardada - repliqué -.
El asunto es señor Manuel, que le escribo porque Kenya se fue y no vuelve nunca más, se
nos fue señor. Cuando terminamos el café en mi casa yo le dije que se podía
quedar el tiempo que quisiera pero ella insistió en irse, al cruzar con el
carro el marco del portón de la casa comenzaron las explosiones, las ventanas
se difuminaron y se tejían diminutos espejos en el suelo, y los gritos, y las
motos, eran ellos, dos motocacos, motosicarios. No sé qué putas, el estrés hizo
que por error terminara de salir a la calle sin pensarlo, los tipos regresaron
para terminar la tarea, y me hice perro de calle, con rabia, quise morderlos
para matarlos, quise meterme al carro para lamer sus heridas...
Kenya se nos fue y no vuelve más señor Manuel, le escribo a
usted porque no sé a quién más escribirle y creo que usted entenderá bien cuán
herido he quedado. Una vez ella me enseñó a resolver el mundo, ¿tiene usted
algún consejo?
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