domingo, 27 de septiembre de 2015

| Tribulaciones |

Señor Manuel, le escribo a usted porque sé que es una buena persona o al menos eso parece. Usted es amigo cercano de Kenya, ella es mi mejor amiga y me ha contado de las veces que habla con usted y el mundo se resuelve en cuestión de horas.

Yo estoy en medio de serias tribulaciones dirá mi madre, ella siempre usa un lenguaje más religioso para dirigirse a mí y mis problemas con el mundo. Porque así es, mis problemas son con el mundo entero, ¿se imagina lo atribulado que he de estar? ¿Alguna vez usted tuvo tribulaciones señor Manuel?  A usted se le ve muy bien equilibrado, con un buen perro de raza - qué curioso le parecerá que lo compare con un perro - que ha sido bien entrenado y cuidado a lo largo de su vida. En cambio yo, yo soy más bien un perro de calle, de guardián de escuela y de tienda de esquina, nos diferencia el entrenamiento y la frecuencia del baño, por dentro somos casi lo mismo.

Pero le escribo desde esta esquina, en donde hoy estoy sentado y bastante herido. Ayer nos reunimos con Kenya, ella venía preocupada porque a su mamá la había amenazado de muerte - tribulaciones, diría mi mamá- y ella tenía la sensación de que alguien la venía siguiendo desde que salió de hacerse la pedicura, a Kenya no se le pasa nunca la cita para hacerse la pedicura. Nos estuvimos moviendo por diferentes cuadras y avenidas de esta podrida ciudad porque ella no quería llegar a mi casa. Donde vivo es zona roja... - Pero la policía queda a 3 casas tuyas, no puede ser zona roja, exclamó - y ya ves que el otro día nadie detuvo a los que abrieron el carro y se llevaron hasta la mota que tenía guardada - repliqué -.

El asunto es señor Manuel, que le escribo  porque Kenya se fue y no vuelve nunca más, se nos fue señor. Cuando terminamos el café en mi casa yo le dije que se podía quedar el tiempo que quisiera pero ella insistió en irse, al cruzar con el carro el marco del portón de la casa comenzaron las explosiones, las ventanas se difuminaron y se tejían diminutos espejos en el suelo, y los gritos, y las motos, eran ellos, dos motocacos, motosicarios. No sé qué putas, el estrés hizo que por error terminara de salir a la calle sin pensarlo, los tipos regresaron para terminar la tarea, y me hice perro de calle, con rabia, quise morderlos para matarlos, quise meterme al carro para lamer sus heridas...

Kenya se nos fue y no vuelve más señor Manuel, le escribo a usted porque no sé a quién más escribirle y creo que usted entenderá bien cuán herido he quedado. Una vez ella me enseñó a resolver el mundo, ¿tiene usted algún consejo?

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